La perspectiva como eufemismo

Cuando, con la fatuidad servil de quien esparce los humos de la nueva religión occidental, se afirma que el género es una construcción social y al mismo tiempo se habla de la invisibilización de la mujer, la transición de sexo y la anormalidad del comportamiento heterosexual ―como hizo, por ejemplo, la directora del Instituto de la Mujer―; cuando todo eso se proclama como una ciencia por todos los canales disponibles y las autoridades lo imponen como una verdad revelada, todo parece indicar que lo que nos va atrapando cada día más en su círculo cerrado es, probablemente, la revolución cultural más absurda de la que jamás hayamos tenido noticia.

     Lo que empezó hace décadas como una extravagancia de los países anglófonos y poco a poco fue estableciendo su hegemonía en las universidades norteamericanas se ha ido extendiendo sin trabas por todo el mundo occidental. Miméticamente postradas ante el delirio posmoderno, las universidades españolas ya se han puesto a desplegar su plan de choque y, en Cataluña, la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario, que desde hace años se aplica, con sus refinamientos burocráticos, a hacer la vida imposible a los profesores, ha encontrado ahora en la introducción de la perspectiva de género un instrumento ideal para acabar con la libertad de cátedra. Porque la perspectiva es en realidad una ideología de vocación totalitaria, y todo el documento marco que ha elaborado ese organismo con la excusa de la igualdad está impregnado de la idea antigualitaria según la cual el ejercicio de las facultades intelectuales depende del sexo (del género) y de las diferentes inclinaciones sexuales de cada individuo. Como animales que somos, las personas observamos comportamientos emocionales distintos según el sexo que nos determina desde la concepción, pero si hay algo que borra las diferencias es el uso de la razón y la elevación del espíritu: en nombre de la igualdad, se quiere destruir la única experiencia humana en la que la igualdad es posible. A tal efecto, se insinúa que la bibliografía de las asignaturas debería regirse por criterios de paridad y que los profesores deberían usar el lenguaje inclusivo y buscar, en todos los documentos de trabajo, la acción oculta del demonio patriarcal. Para avalar el despropósito, no se privan de citar fuentes radicales que atacan con furia el pensamiento liberal que ha iluminado el progreso de Occidente, como si otras voces autorizadas no hubiesen puesto en evidencia las pretensiones del delirio de género. Pero la derrota del pensamiento ya parece inevitable: la sociedad ya está demasiado intoxicada y me temo que una gran mayoría de docentes se someterá a las instrucciones que reciba de la autoridad con la sumisión tenaz de los penitentes.

(Publicado en Quadern de El País, 01-10-20)

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Una respuesta a La perspectiva como eufemismo

  1. Margarita Ortiz dijo:

    El pensamiento, un ejercicio extraño en la sociedad actual.

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