Paz

El próximo domingo, 24 de octubre, se celebrarán los cincuenta años de las palabras que Pau Casals pronunció en la sede de Naciones Unidas de Nueva York cuando el secretario general de la institución, el birmano U Thant, le impuso la Medalla de la Paz. En aquel discurso, el maestro hizo pública su condición de catalán, aseguró que Cataluña había instituido el primer Parlamento del mundo (“…much before England”) en el siglo XI, y declaró solemnemente que los catalanes, iniciadores de las Naciones Unidas, ya eran pacifistas en aquellos tiempos. De las tres afirmaciones, solo la primera es cierta: Pau Casals era efectivamente catalán, pues nació en El Vendrell; las otras dos se inspiran en un mismo hecho: la Asamblea de Paz y Tregua que presidió en el año 1027 el abad Oliba en la población rosellonesa de Toulouges en continuidad con el movimiento de la Paz de Dios, promovido por la Iglesia de Roma y activo en Aquitania desde finales del siglo X. Su propósito era disminuir la violencia feudal, los ataques devastadores de los nobles lo suficientemente ricos para reclutar guerreros y lanzarlos contra los campesinos con el ánimo de apoderarse de sus tierras y someterles a vasallaje. La ofensiva aprovechaba el vacío de autoridad causado por las luchas intestinas del poder condal, que gobernaba los distintos territorios en nombre del rey, y no representaba una amenaza únicamente para los campesinos, sino también para los condes y para la Iglesia, de modo que lo que hacía la Asamblea era defender unos intereses comunes dentro de los límites que se podía permitir el poder eclesiástico. No condenaba la violencia en todo momento y todo lugar, sino que proclamaba una tregua semanal de sábado a lunes y castigaba con pena de excomunión el incumplimiento de esa norma. De estos hechos, Pau Casals concluye las revelaciones que hace en Naciones Unidas. “Todas las autoridades de Cataluña —dice con viva emoción— se reunieron para hablar de paz. ¡En el siglo XI!”. El eco continuado de este discurso ha contribuido como pocas cosas a incubar el mito de los catalanes como pueblo pacifista, de carácter progresista y dialogante, distinguido entre los demás pueblos del mundo por haber sido pionero en los derechos civiles y el parlamentarismo. Si la fantasía de Pau Casals, sugerida por historiadores patrióticos, convierte una asamblea de tregua en un Parlamento medieval, la fantasía popular, que engrandece todo cuanto se le ofrece, ya ve en ese Parlamento el origen de la democracia, siglos antes del Bill of Rights inglés (1689), de la Constitución de Estados Unidos (1787) y de la Revolución francesa (1789). Poco a poco hemos ido llegando hasta donde estamos.

(Publicado en Quadern de El País, 17-10-2021)

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